Regresando de viaje, me detengo a comer una rica y jugosa birria con una más rica y más jugosa modelo especial. Y en el inter acontece lo que muchas veces me acontece y muchas veces olvido. Antes de que se me olvide lo escribo.
Sucede que, al comenzar a ingerir mis sagrados alimentos, un señor comienza la cancioncita con una voz de aquellas y ejecutada a guitarra como Dios le da a entender (Digo por que yo así también toco la guitarra). He aquí donde me siento como algunos me han dicho: "Qué gacho", y mi madre ha preguntado "¿Qué no eres Católico?" A qué voy: Pasa que después de mucho tiempo de ser caritativo, he dejado de serlo.
Causas: Antes de esto era común, hasta llevar cambio por lo que se ofreciera; desde el limpiabrisas en el semáforo, el cantante en el camión, el ciego que ora por nosotros, el regenerado de las drogas, el viene viene, el que muestra la receta de su hijo en el hospital, etc, etc y tantos etc.
Pues bien. Sucedió que cierta vez, después de que permanentemente en cada viaje en mi camioncito cuya ruta era visitada por el cieguito que oraba con aquella convicción que hasta me reconfortaba... pues ahí va la monedita. Muchas, pero muchas moneditas después, me lo encontré degustando de unos ricos y deliciosos camarones en un restaurante. Ah, y ubicaba perfectamente, la salsa, el salero, las galletas y la cervecita. Ingue su...
Como buen cristiano y respetando una de mis máximas "No dejes que una persona te decepcione de todas", seguí de caritativo. En mi trabajo, se le hizo costumbre a un chavito de la calle pedirme para su cajita de chicles. Le di la mano y agarró la pata. Después ya era obligación. Le regalé la mejor de mis chamarras para la época de frío, y pasado el tiempo sin ver que la utilizara, me confesó que la vendió.
En una parada de camiones, serví de consuelo a un niño que lloraba porque según él no llevaba nada de dinero para su casa, y si llegaba así su papá le pegaría. Entre que dudaba y no le di el salvoconducto. Triste darme cuenta que era su modus operandi: -Qué me vean llorar para que se compadezcan-. Lo ví enseguida con otro incauto.
En cierta ocasión, un limosnero tocó la puerta de mi casa pidiendo unos zapatos, se le regalaron más de un par, y retirándose nos maldijo porque no le gustaron. No le di los reverendos chingadazos que se merecía (porque se veía fuerte) primero porque pensé que era pecado, y segundo porque pensé qué él me podía ganar (se veía muy violento y me asustó).
Regreso a donde inicié. Luego de que el Señor terminó su canción pasó a mi mesa. A pesar de que le dije que no moviendo la cabeza y verbalmente, se quedó un ratote parado para ver si cambiaba de opinión. Cuando vió que no, procedió como más de una vez han procedido conmigo después de que dejé de ser caritativo. Si no me mentó la madre, sí me gané al menos una grosería. Ya que inician su letanía mientras dan la espalda y se retiran.
La pregunta es: ¿Hasta dónde estamos obligados con la mendicidad? Me confundo cuando lo evalúo como un precepto religioso. No sólo me he quedado con actitudes como la de este Señor, también he llegado al grado de que un limpiabrisas me quiera echar bronca cuando le digo que no. He visto también, que un niño tiró la hamburguesa que le compré cuando me pidió dinero (porque tenía hambre).
Ahora sí que, los méndigos están demeritando a los mendigos. Pagan justos por pecadores. Obvio que hay quien se ve orillado a la mendicidad, pero hay quien se aprovecha de la buena fe de las personas. Cuando lo debatimos, hay quien me dice, entre que sí y que no, pues yo les doy, si me ven la cara allá ellos.
En el sentido político, ahora que me acuerdo nadie pone el dedo en la llaga en el asunto específico de la mendicidad. Se menciona la palabra pobreza en un sentido general, y punto. La mendicidad afecta e incomoda a los propios y a los turistas. ¿Qué instituciones hay? ¿Hasta dónde la autoridad los ayuda y los limita?
Yo, la verdad, aun no siendo caritativo (salvo que sepa con seguridad que la burra es parda), he llegado al punto del enfado; mientras como en en la casa, mientras como en la calle, mientras estoy en el trabajo, en el semáforo, en un a fila, en una dependencia, mientras estaciono el auto, etc. Están en todos lados y a todos lados llegan.
¿Mientras como en la calle dije? Sí, como aquella vez que llegó un borrachito hasta su m... bien borracho a pedir un taco al restaurante donde estaba. Se lo negaron, pero en lugar de retirarlo (por la imagen y el olor) lo dejaron llegar hasta mi mesa (y nada hicieron) y me dijo, -deme el caldito que le sobre patrón-, Nooo! ¿Cómo crees que voy a hacer eso??? No!. Señor!, sírvale un plato aquí al joven. Yo pago. Pues dicho y hecho, en el inter yo terminé, él inició, yo me retiré; y antes de salir alcancé a ver que comenzó a guacarear. ¿Verdad que mejor le hubieran dado un taco? En un principio ni se ocuparon de él, ni se ocuparon de mí, y al final se ocuparon de más. Qué servicio eh...
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