De haber sabido que la información agobia, ni me informo. Ya lo dijo un teporocho: Desde que leí que el alcohol hace daño, dejé de leer. ¿Por qué lo digo? Pues leí un artículo en el Sol de Zacatecas, cuya descripción es todo lo contrario al título del diario, pero ampliado al país. Le llamaría: Las nubes negras sobre México.
El artículo al que hago mención habla de los MiniCarteles; pandillas de menores que ya operan mayoritariamente en el norte, y cuyo deseo de grandeza consiste en ser como sus ídolos. Y no son como los que yo tenía: superman, los gemelos fantásticos, papá pitufo, Gandhi, Juan Pablo II, etc. Los que ahora ellos idolatran son los delincuentes famosos, los osados, los que retan a las autoridades, los sicarios, los narcos, los secuestradores, etc.
Cuando era niño, en mis lecturas siempre me emocionaba cuando leía "Los niños de hoy son el futuro de México". Me di cuenta, desde mi adolescencia (hace como 5 años) que aún percibiendo poca delincuencia, lo primero que pasaba por mi mente era: Si los niños y adolescentes como yo, captamos esta problemática, entonces ésto será cosa que arreglaremos cuando seamos grandes. No sé cúanto me toca de responsabilidad al respecto. Me queda claro que lo que me toca, principalmente, son mis hijos. Más cuando siempre he sabido que los cimientos de un país que se precie, es la base familiar, la educación y la guía que se les da a los hijos. Con tristeza veo, que en mi país, los cimientos se desmoronan y son débiles.
De acuerdo al artículo, niños y adolescentes, vulnerables desde el núcleo familiar, se apuntan o son fáciles de convencer para trabajar con el crimen organizado. Leí una serie de entrevistas en las que varios de ellos, lejos de arrepentirse, se enorgullecen de sus fechorías, de sus habilidades para robar carros, de golpear a sus padres, de alimentar sus deseos de venganza contra los rivales. Luego de esto veo un documental de "Los Reporteros" que trata precisamente de las pandillas de adolescentes en Tijuana y Ciudad Juárez. El crimen sabe que mientras reclute niños y adolescentes, pueden sortear y burlar la justicia. La descripción, para no ir más lejos, me hace ver que si los niños de hoy son los hombres del mañana, entonces no hay futuro. Pero como lo que tiene que predominar es el optimismo, entonces queda claro que el mañana queda en niños de hoy cuya exigencia será mayúscula.
Agobiante y preocupante. Y como dice el poema: Veámos qué hacen nuestros futuros Señores; pero encaminémoslos...
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